Según confirmaron fuentes oficiales, el atacante utilizó una escopeta calibre 12/70 recortada, que pertenecía a su abuelo materno.

El agresor efectuó múltiples disparos: cargaba dos cartuchos, disparaba y volvía a recargar, en una secuencia que se repitió hasta que fue reducido. Testigos indicaron que llevaba municiones adicionales en una cartuchera cruzada en el pecho.

Existen versiones contrapuestas sobre cómo ocultó el arma al ingresar al establecimiento: aunque las autoridades sostienen que la transportaba en un estuche de guitarra, alumnos aseguran que estaba dentro de una mochila, con los caños cubiertos por una prenda.

Cómo fue el ataque dentro de la escuela

El hecho ocurrió alrededor de las 7:12 de la mañana, cuando los estudiantes aguardaban el izamiento de la bandera. Minutos antes, el atacante -identificado como Gino C., de 15 años- llegó al colegio en bicicleta y no llevaba uniforme, lo que no generó sospechas iniciales. Le preguntó a Esteban, un alumno de la escuela, dónde quedaba el baño. “Estaba pálido y parecía extraviado. Él sabía dónde quedaba el baño, porque había hecho la primaria y tres años de secundaria”, advirtió Iván, un estudiante de quinto año, que jugaba al básquet en el club Racing con el adolescente asesino.

En el piso del baño, Gino cargó la escopeta con cinco cartuchos y se cruzó en el pecho una cartuchera donde tenía una docena de municiones. Al salir al patio interno, pronunció la palabra “sorpresa” y comenzó a disparar contra los alumnos.

La primera víctima fue Ian Cabrera Núñez, de 13 años, quien murió en el acto tras recibir los disparos. Otros estudiantes resultaron heridos, algunos de gravedad, con impactos en el pecho y abdomen.

El pánico se apoderó del lugar: alumnos corrieron sin rumbo, algunos escaparon saltando muros y otros buscaron refugio en calles cercanas. Incluso se reportó que un estudiante se arrojó desde una planta alta durante la desesperación.

Finalmente, el atacante fue reducido por un portero y un alumno de cursos superiores cuando intentaba recargar nuevamente el arma. Posteriormente, fue detenido por la policía.

Carolina Morel, integrante del Gabinete Educativo de la escuela, contó que, tras escuchar las detonaciones, los docentes se refugiaron en la sala de profesores y “activaron” distintos mecanismos de emergencia.

“Atinamos a sacar nuestros teléfonos y empezar a llamar a distintos organismos: la policía, el hospital y las familias”, aseguró la docente. “Había mucha incertidumbre. Nadie sabía quiénes estaban heridos”, agregó. Al salir del edificio, indicó que encontraron a uno de los estudiantes en el suelo. “Nos acercamos para ver si tenía signos vitales y dedujimos que no”, apuntó.